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Cuando los ejércitos campesinos tomaron la Ciudad de los Palacios

El general Francisco Villa en la silla presidencial, acompañado por el general Emiliano ZapataFoto Fototeca Nacional del INAH

Desfile por el Zócalo de la vanguardia de la división Pacheco-Zapatistas con un pendón de la Virgen de GuadalupeFoto Fototeca Nacional del INAH

El general Eufemio Zapata y su Estado Mayor, tras haber tomado posesión del Palacio NacionalFoto Fototeca Nacional del INAH
Hace un siglo, el 6 de diciembre de 1914, destacamentos del Ejército Libertador del Sur salieron de San Ángel hacia la Calzada de la Verónica, en el rumbo de San Cosme, con el fin de encontrarse con las tropas de la División del Norte. Luego la columna se dirigió a Palacio Nacional, adonde la vanguardia llegó a las 12:10 de la tarde. Los metales tocaron mientras Francisco Villa y Emiliano Zapata entraban a saludar al presidente provisional, Eulalio Gutiérrez. Al salir al balcón central del palacio, ambos recibieron el saludo del gentío que llenaba la plaza de armas. Un reportero anticipó que por mucho tiempo se conservaría en la memoria la marcha de los 58 mil rebeldes que ese día recorrieron la urbe resonante Foto Fototeca Nacional del INAH

Desfile Zapatista


Mexico DF 1932


Construccion de la Torre Latinoamericana


Fotógrafos toman el Munal

El Museo Nacional de Arte (Munal) colgará en sus paredes más de 300 fotografías de artistas como Jean F. Prelier, Claude Désiré Charnay, Agustín Casasola, Tina Modotti, Manuel y Lola Álvarez Bravo, Manuel Ramos, los hermanos Mayo, Héctor García, Nacho López, Mariana Yampolsky, Graciela Iturbide, Enrique Metinides, Antonio Turok, Pedro Valtierra, Marco Antonio Cruz, Federico Gama, Elsa Medina y Gerardo Suter, entre otros.

ANTIGUO PALACIO DE LA INQUISICION

Este edificio fue la sede del Tribunal del Santo Oficio. Se construyó en 1736 a pocos metros de la iglesia de Santo Domingo. Las obras estuvieron a cargo de Pedro de Arrieta, quien diseñó un soberbio edificio de dos cuerpos con una imponente y singular portada.
Durante la época colonial, el Palacio de la Inquisición fue escenario de múltiples interrogatorios a supuestos herejes, que eran sometidos a abominables tormentos. A un lado se encontraba la carcel de la perpetua, la cual dio nombre a su calle (Hoy Republica de Venezuela). El tribunal fue suprimido el 10 de junio de 1820. A partir de entonces, el edificio se redimio dando espacio a diferentes instituciones públicas, entre ellas la Escuela Nacional de Medicina (1854). El edificio presenta algunas grietas, debido a que en la epoca en la que fungio como escuela de medicina, le fue agregado un piso mas, lo cual daño la estructura original, al dejar de ser escuela, ese piso fue removido y restaurado para recuperar su diseño "original".
En la actualidad es un museo que muestra la historia de la medicina en México. Está localizado en el cruce de las calles República de Brasil con República de Venezuela.
Nota: Durante la Colonia, en vez de darle al edificio el temeroso nombre de Inquisicion, se le decia "la casa de la esquina chata" o "casa chata"

Informacion adicional de Rey Arturo: Actualmente aun se sigue impartiendo clases a los estudiantes de cuarto año de la facultad de medicina de la UNAM campus C.U, se imparte la catedra de Historia de la Medicina, además de que ahí se da la bienvenida a cada nueva generación que ingresa a la Facultad de Medicina de la UNAM, que cuenta además dentro de las instalaciones del palacio de medicina de un amplio acervo bibliografico sobre este campo de estudio.



FOTOS

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LECUMBERRI " El Palacio Negro"

La construcción en donde se encontraba la cárcel de Lecumberri, también llamada 'Palacio Negro', es uno de los lugares de nuestra capital que más historias y leyendas tiene. Este 29 de septiembre cumple 112 años de haber sido inaugurada como prisión, por el entonces presidente Porfirio Díaz. Fuimos a visitarlo, aquí les compartimos un poco de lo que descubrimos.



Quien llega a este sitio no encuentra los aires de desesperanza y desolación que tenía en sus años dorados como cárcel. Lo que sí se va a encontrar en el ahora Archivo General de la Nación, es un lugar en donde se hallan custodiados (en siete galerías) 53 km de archivos, entre ellos los originales del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, Los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón, las Constituciones de Apatzingán de 1814, La Constitución Federal de 1857 y la Constitución Política de 1917, el Plan de San Luis, el Plan de Ayala, las Cartas de Juárez, Manuscritos de Sor Juana Inés de la Cruz , de la Santa Inquisición, Acervos de Tierras (documentos que certifican la propiedad de tierra de los pueblos y que incluso hoy en día se siguen utilizando), del Porfiriato, de la Revolución Mexicana y más de 6 millones de fotografías.

Al entrar, lo primero que salta a la vista es una réplica exacta de la bandera mexicana, siguiendo el camino hacia la parte interior se llega a la Sala de Banderas, a los costados de ésta se encuentran los jardines principales; y del lado derecho están la biblioteca José O'Gorman y la cafetería, que también hace las veces de recinto de pláticas y presentaciones.

Un poco antes de llegar a la parte central está un pequeño salón, en donde podemos ver un biombo pintado en 1960 por David Alfaro Siqueiros, quien estuvo preso en este lugar en cuatro ocasiones (la última bajo el cargo de sedición social, salió libre hasta 1964).

Al pasar este salón se llega a la Cúpula central, que no existía en los años en que era prisión, pues originalmente ésta estaba a cielo abierto, y en lugar de cúpula había un panóptico (una especie de torre) desde donde se vigilaba a todos los presos que estaban encerrados en las celdas o crujías (que tampoco estaban techadas), que actualmente son las galerías en donde se archivan los documentos.


Cada galería tiene diferentes materiales, en algunos casos los papeles son tantos que se necesitan dos cuartos para resguardarlos. En la galería 1 existen alrededor de 700 documentos resguardados bajo una bóbeda, estos no están abiertos al público en general para ser consultados.

los lados de la cúpula se encuentran conservadas algunas de las áreas más emblemáticas de la prisión, y que más llaman la atención del público: un salón de fiestas que utilizaban los presos (y que en su interior tiene un gran mural pintado por los internos), el Torreón Norte y el área de psiquiatría.

Los presos que estuvieron encarcelados en este lugar eran de lo más variado, hubo desde ladrones desconocidos hasta personajes de la talla de Pancho Villa, David Alfaro Siqueiros y Alberto Aguilera Valadez  (sí, Juan Gabriel).

El área de la cárcel se dividía en diferentes crujías: a las que eran enviados los presos de acuerdo al delito que habían cometido (por ejemplo, la de los presos políticos en la que estuvieron Heberto Castillo, José Revueltas –en el tiempo en que estuvo preso escribió la novela 'El Apando'–, los miembros del grupo guerrillero Liga 23 de septiembre), el área de presos peligrosos (a quienes hoy se llamaría presos de alta seguridad), la famosa crujia 'J', que era el lugar al que enviaban a quien cometía el delito de homosexualidad (de ahí fue que a los homosexuales de forma despectiva se les comenzara a llamar jotos), y el área más temida por todos los presos: "El Apando", la celda de castigo en donde se les encerraba desde días hasta semanas enteras, con un mínimo de alimento y sin luz, sin agua, sin ventilación y sin baño.

El nombre de Lecumberri se debe a que está edificado en las tierras que antiguamente le pertenecieron a un español que llevaba ese apellido.

En el tema de cosas raras y extrañas, en este edificio podemos encontrar una colección de mapas indígenas coloniales que el año pasado fue nombrado por la UNESCO como "Memoria del mundo"; dentro del Acervo de la Santa Inquisición están diferentes juicios y situaciones, por ejemplo: la historia de una mulata que fue acusada de seducir a un hombre a base de brujerías, y una muñeca que se utilizó en un juicio de brujería (cuya réplica en ocasiones es exhibida al público). También está un área de genealogía donde cualquiera puede venir a investigar sobre sus antepasados, y con un poco de paciencia encontrar el árbol genealógico de su familia.

Estudiantes en Tihosuco, Quintana Roo, 1971
Plaza de Santo Domingo, ca. 1940, fotografía perteneciente al acervo que resguarda el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (Inehrm)

Manuel Ramos

Manuel Ramos pertenece a la primera generación de fotoperiodistas mexicanos. Nació en San Luis Potosí en 1874, y fue hombre de múltiples facetas: fotógrafo, inspector de monumentos coloniales, fotomontajista, propagandista de la fe católica, cultor de las bellezas naturales, retratista de personas, animales y cosas.
Precisa que “Ramos llegó a la ciudad de México a finales del siglo XIX para incorporarse al ajetreado mundo del fotoperiodismo, donde logró colaborar en las principales revistas de la época, como Arte y Letras, El Mundo Ilustrado y Cosmos, entre otras, que ofrecían la novedad de incluir la imagen fotográfica en sus páginas. Prácticamente no hubo publicación en la que no fueran incluidas sus placas. Manuel Ramos es un valioso testigo de sucesos que marcaron el curso de la historia en la primera mitad del siglo XX”.

Este precursor de la imagen estuvo en alianza y competencia con fotógrafos de su época como Agustín Víctor Casasola, Antonio Garduño, Ezequiel Álvarez Tostado, Samuel Tinoco, Abraham y José María Lupercio; Ramos fue cronista desde el tiempo del transcurrir armonioso del régimen de Porfirio Díaz. A partir de 1910, produjo imágenes que muestran los últimos esplendores de esa dictadura y de las convulsiones políticas, militares y sociales que condujeron al inicio de otro ciclo en la historia del país.

Ramos 2

Cabe destacar que entre 1913 y 1915, Manuel Ramos ayudó con sus fotografías al inventario, documentación, estudio y difusión del patrimonio que custodiaba el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. De 1922 a 1934 se desempeñó como fotógrafo en la Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos, así como en la Dirección de Monumentos Coloniales y de la República.

Para este artista de la lente, su familia ocupó un lugar preponderante hasta su muerte. El acervo, compuesto por más de 11 mil fotografías y documentos que retratan las primeras cinco décadas del siglo XX en México, permaneció por mucho tiempo inédito, al resguardo de sus familiares, desde 1945 hasta los años 90. El Archivo Fotográfico Manuel Ramos se fundó con el propósito de conservar y difundir la obra de este testigo de la historia, como el principal proyecto de La Casa de los Árboles de Apizaco AC.

Sobre Manuel Ramos, el editor y especialista en fotografía Alfonso Morales ha escrito: “(…) Los cuadros de costumbres capturados por (la cámara de Manuel Ramos) son ilustrativos de una mirada que debía rendirse ante el impulso de los tiempos modernos y se negaba, por otro lado, a renunciar a las sensaciones tranquilizadoras que ofrecían las tradiciones conocidas. Al igual que las fotografías en que registró la convivencia de carruajes y automóviles, la sensibilidad de Ramos estaba en el cruce donde los gustos decimonónicos se hacían obsoletos y el siglo XX reclamaba espacio para sus novedades. Los bólidos motorizados que competían en el Hipódromo de la Condesa, las máquinas voladoras, los intrépidos ascensos del Hombre Mosca, la arquitectura, monumentos, vecindades y paisajes de la ciudad, daban cuerda a los relojes de la modernidad.”

CONTRA LA COLONIZACIÓN DE LA MIRADA

Entrada de Emiliano Zapata y Francisco Villa a la Ciudad de México, Fotógrafo no identificado. © Colección Ricardo Espinoza
 
El famoso archivo Casasola, cuyas imágenes sobre el movimiento revolucionario de 1910 han dado la vuelta al mundo, atestiguando las reuniones entre Emiliano Zapata y Francisco Villa, a las soldaderas fusil al hombro, a los peones con calzones de manta y un jarro de pulque en todo momento, no son las únicas fotografías que existen de aquella época, aseguró Miguel Ángel Berumen, curador de la exposición Contra la colonización de la mirada, que se exhibirá a partir del 20 de noviembre en el Museo de la Revolución Mexicana.

MÉXICO, NO ME ABANDONES

©Arturo López/Archivo Colef