12 de Diciembre en la Villita de Pachuca

A mi Lupita* 12 de diciembre en “La Villita”
Anabel Manzano

Don Justo no conseguía concentrarse entre tanto empujón para elevar sus peticiones a la Virgen María. Se encontraba parado casi al centro de La Villita. La gente le pedía una y otra vez permiso para pasar, otros sólo lo empujaban. Justo es un hombre con el rostro cubierto de arrugas, alto y muy delgado. Dice que nunca se quita su sombrero, que así le gusta andar.Me cuenta que llegó desde temprano, pero que sus nietos no lo dejaban escuchar una misa porque se la pasaron comprando cosas para comer y recorriendo los puestos.Nació en la Ciudad de México, sin embargo desde hace un par de años dejó de visitar la Basílica el doce de diciembre porque se fastidiaba de ver tanta gente.“Imagínese que ni siquiera podía caminar y con el pendiente de los niños que son re traviesos y corren pa’ca y pa’ya, pues no me dejaban estar a gusto”.A don Justo siempre lo acompaña Liliana, su hija mayor, y cinco sus cinco hijos: Arturo, el mayor de doce años; José, Cristina, Rocío y Karla, la más pequeña con apenas tres años.
Viven en Actopan porque de ahí es el ex esposo de Liliana, del que se separó hace un año. Ahora cada diciembre visitan La Villita para traerle flores a la Virgen.“Le traemos su ramo de rosas con todo nuestro cariño. La virgencita es bien milagrosa y nunca nos ha fallado”.Don Justo dice que su esposa Clarita, como él la llama, le tiene mucha fe a su morenita del Tepeyac porque le ha permitido vivir pese a que ya no puede caminar debido a una fractura en la cadera.“Fíjese que gracias a la Virgen sigue con nosotros, le hemos pedido bastante porque mi señora ya lleva varias caídas, porque a veces como que pierde el equilibrio”.Parece que al fin logró concentrarse aunque las personas continúan moviéndose a su alrededor. Tiene los ojos cerrados y las manos entrelazadas a la altura de sus muslos. En sus labios se dibuja una oración que ha viajado desde el alma y ahora se eleva hacia la Virgen María.Los fieles continúan su andar, los niños vestidos de Juan Diego y las niñas de inditas. Don Justo permanece enfocado en sus plegarias, las que a él le gusta realizar y no las que dicta la Iglesia.“Le digo palabras que salen de aquí adentro, del corazón, del alma, de todo este amor que le tengo a quien se ha preocupado por mí siempre, a mi Lupita

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