Albert Camus asumió la rebelión personal ante lo absurdo de la existencia. Su compromiso se sustenta en dos premisas fundamentales: independencia y honestidad; porque los mecanismos de defensa de los que ejercen el poder han encontrado en el servilismo y la corrupción el antídoto al veneno liberador que el hombre rebelde inocula en la sociedad, con el objetivo de cambiar la dinámica funesta de la historia.
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