Preferible volver a empezar con lo que sea, desde el mismo corazón del absurdo, antes que dejarse someter por la melancolía o por un falso optimismo hasta el fin de nuestra vida.
Esta frase posee una sospechosa sonoridad que la vincula con el concepto psicoanalítico de “carga libidinal”, en la que el héroe –el yo–, antes que hundirse definitivamente ante la inercia de la roca, asume la extraordinaria tarea de reanimar el movimiento e iniciar un nuevo ascenso. Sin embargo, Sísifo no es exonerado por default; de ser así, la piedra, con todo y Sísifo en la cima –permítanme usar la metáfora de un grupo musical argentino– podría irse del otro lado de la muralla que divide todo lo que fue de lo que será, y el tiempo real volvería a activarse. Nuestro héroe, al fin, podría bajarse de la rueda de la fortuna, pero entonces ya no sería un personaje mítico, sino que formaría parte del estado consciente de la mente. Mientras esto no suceda, será la constancia de Sísifo la que mantenga a flote al yo –aunque sea con altas y bajas. Sísifo es un símbolo que representa la defensa que establece el hombre absurdo (probablemente aquel diagnosticado como maníaco-depresivo) para evitar un knockout forever and ever
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