Cronopios -Julio Cortazar
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él
procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía
que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se
espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el
trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de
cariaconcia...
Y dijimos afirmar cronopiamente
porque habrá quien diga que eso no es
scat y tendrá razón, lo que sucede es que los cronopios, a diferencia
de los famas y los esperanzas, no saben de compartimentos estancos y les gusta
el placer de la libertad del lenguaje, que se desgrana, eso sí, con el
scat:
iadubudupu dabadaba du piitirirititi ti tss yeaahh
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